"Amado Ego:
Empiezo llamándote amado porque aunque siempre te he rechazado, formas parte de mí, y eso significa amarte, con tus pros y tus contras, con tus defectos y virtudes, que sé que están ahí, en algún rincón de ti.
Siempre te he escuchado en voces ajenas, en mis delirios y castigos, fustigándome sin piedad, subestimando mi esencia y dándome palos al alma constantemente. A pesar de ello, quiero disculparme contigo, sé que no eres culpable de ello.
Tan solo eres el resultado de una enajenación mental colectiva y familiar, que simplemente cumple la misión de transmitir un mensaje muy concreto para que se perpetúe y no se pierda jamás. Y te admiro por el brillante desempeño de tu trabajo, pero siento decirte que no soy la destinataria que esperabas.
Yo rebato tus argumentos, te hago preguntas y te empeñas en darme unas respuestas sumamente válidas desde tu punto de vista, pero no desde el mío. Me generas unos pensamientos con los que no somos acordes, que chocan y que por tanto, permanecen en lucha constante desde que tengo uso de razón. Y me duele.
Y supongo que también debe ser duro para ti, quizás no estés acostumbrado a que nadie te arrebate la palabra y ponga en duda tus sentencias. Debe ser extraño para ti que den la vuelta a tus conclusiones, que te reten. Por eso te enfureces y me matas cada vez que yo intento matarte a ti. Y me duele aún más.
No tiene sentido esta lucha sin cuartel que nos hemos propuesto. Te he insultado, vejado y odiado muchísimo por intentar y en ocasiones conseguir inyectarme tu legado bajo la piel, hacerlo tan creíble de forma que toda la vida ha corrido por mis venas.
Y como parte de mi sangre y de mí, seguir insultándote es seguir alimentando una guerra que me hace daño, porque a la que humillo es a mí misma. Me duele y me enfurece. Y vuelta a empezar, y así nunca cesaremos de odiarnos. Y lo peor es que el dolor que nos provocamos se incrementará con el tiempo y las heridas pueden ser altamente destructivas.
Creo que es sano y bueno para ambos finalizar con esta situación. Probablemente y aun así, siga recibiendo gran parte de tus mensajes, comprendo que es tu misión, y estás programado para ello, por eso entenderé que lo hagas, y agradeceré que me lo digas porque me estarás empujando una vez más a seguir creciendo.
Me he dado cuenta que matarte es matarme, y no quiero eso. Eres necesario, eres el detonante que me hace ver cuando voy por la vía correcta o la equivocada, y es más, diría que eres un guía. Porque sin darnos cuenta, me has ido llevando a ver y elaborar mis propias conclusiones, las mías, las genuinas, no las inculcadas. Pero estábamos tan ocupados peleando, que ni nos hemos percatado de lo benigno de tu misión, centrándonos solo en el caos, el dolor y el odio.
Al igual que mi esencia, quizás necesites que te acaricien, que te mimen y por supuesto, que te amen. Tal como eres, con lo que inculcas y predicas, aunque sea contradictorio a mí ser esencial. ¿Quién ha dicho que para llevarse bien había que estar de acuerdo en todo?
Por eso, no sólo te propongo una tregua. Te propongo algo mejor: el final de las rencillas y el comienzo de una bonita amistad.
Quizás seas reacio a ello, pero mi esencia está dispuesta a tenderte la mano sin pedirte nada a cambio. Y te aseguro que no te va a fallar, porque está llena de lealtad. Y si no te hacemos daño, estoy convencida de que tú tampoco nos lo harás. Nos apoyaremos mutuamente, y quién sabe, podemos lograr algo muy bello entre los dos.
Recapacita, mi cuerpo es tu cuerpo, es nuestro templo y también sufre. Decae, se agota y enferma, y a ambos nos perjudica. Somos ying y yang, tierra y cielo, y mi querido ego, tu oscuridad es absolutamente necesaria para que mi luz brille. No puede existir luz sin oscuridad ni paraíso sin infierno. Son complementarios y van cogidos de la mano.
Por eso, te ofrezco mi mano, mi luz y mi cielo para que nuestro infierno conviva en paz en nuestro paraíso. Gracias, porque ahora que he sacado mis sentimientos más honestos, siento que te aprecio, no quiero atacarte ni reprimirte absolutamente nada. Me siento más completa y serena. Y sé que tú también, pues al fin y al cabo, formamos parte del mismo ser.
Y como parte del mismo ser, no tiene sentido ser enemigos. Hagámonos aliados para así dejar de luchar y empezar a compartir y a convivir.
Te mando mi respeto y mi cariño, querido ego."
Gema.