Una de las experiencias más interesantes que he vivido a lo largo de mi historia profesional es el trabajo realizado con adolescentes.
Me doy cuenta que, a pesar de la preocupación que los padres expresan al relatarme las situaciones de conflicto que empiezan a aparecer a partir de un determinado momento y que son de diversa índole en función del grado de afectación, al hablar con su hijo adolescente, siempre encuentro una razón que justifica el "inadecuado comportamiento".
La experiencia me ha demostrado que, aunque existe mucha información sobre el tema, los padres no tienen una idea clara de como ayudar a sus hijos.
Según la O.M.S (Organización Mundial de la Salud), considera que esta etapa va desde los 10 a los 19 años. Es un período de vida que transcurre entre la infancia y la edad adulta y donde se dan los profundos cambios físicos, psicológicos, sexuales y sociales que tienen lugar en estos años.
Esto es precisamente lo que la convierte en una etapa APASIONANTE porque el que antes era un niño, ahora está madurando para convertirse en un adulto, es decir, se está construyendo su personalidad y, ante todo, necesitan un trato basado fundamentalmente en el RESPETO para que puedan madurar intelectual y emocionalmente de forma adecuada.
Es muy importante establecer una comunicación de calidad, hablar con ellos de forma tranquila y sin presión, tener siempre en cuenta sus opiniones, por extrañas que parezcan, darles rienda suelta de acuerdo a sus posibilidades, entender que las relaciones sociales con sus iguales son especialmente importantes porque están descubriendo el mundo, inculcarles hábitos saludables, incidir en el ESFUERZO, establecer un equilibrio entre el ocio y el trabajo y, la que considero de gran importancia: POTENCIAR SUS CAPACIDADES.
A los padres les resulta muy difícil aplicar estas pautas y, si lo hacen, no es de forma constante. Más allá de la dificultad que presenta este período de vida, la situación se complica por la falta de seguridad que muestran ante sus hijos, miedo y desconfianza aumentando el nivel de exigencia en unos casos y mostrando gran indiferencia en otros.
Esta situación, a lo largo del tiempo, ha contribuido a ver la adolescencia como un problema, pero cuanto más sabemos de ella (como dice B. J. Casey, neurocientífica del Weill Cornell Medical College), más nos parece una fase funcional y adaptativa.
Según David Dobbs, en su artículo titulado: "Hermosos cerebros", después de siglos de considerar que la cabeza del adolescente no funciona bien, empezamos a darnos cuenta de que la adolescencia es una época brillante.
La experiencia en mi trabajo con adolescentes me ha demostrado día a día que la única manera para que los padres puedan llevar a cabo las pautas educativas adecuadas para que sus hijos desarrollen sus capacidades y puedan madurar adecuadamente, es poner el punto de atención en esas inseguridades y miedos que transmiten a sus hijos y descubrir de donde vienen y cual ha sido la educación que han recibido y que, con la mejor de las intenciones, transmiten a sus hijos porque es la única que conocen sin darse cuenta de los efectos nocivos que acarrea.
En definitiva, costoso pero no imposible cambio de chip o la posibilidad de contemplar el mundo desde otro punto de vista.