"Si te cuelas y me callo, aún cuando me gustaría protestar e impedirlo, si me sirven en un bar algo distinto de lo que he pedido y no lo devuelvo, si no expreso mis quejas o mi cólera (por la paz en casa), si dejo que abusen de mi en el trabajo (me asignan más tareas que a los demás continuamente), no expreso o exijo aquello a lo que razonablemente tengo derecho, estoy minando mi vida, me voy a sentir cada vez peor hasta abocar en algo semejante a una depresión o infelicidad crónica.
Si aprendo, mediante ACTUACIONES concretas a afirmar mi personalidad, a exigir mis derechos, a expresar mi desagrado, (mira: esto es lo que pienso y lo que siento) mi crítica, mi opinión contraria, mis sentimientos positivos o negativos, me encontraré con que me gusto más a mí mismo y también a los demás.
Cuando dejo portarme de modo que los derechos de los demás pasen por encima de los míos, y acepto que "no puedo agradar a todo el mundo siempre", me encontraré mejor dentro de mi piel, actuaré de un modo más satisfactorio, sentiré más intensamente alegrías y penas.
Este es el único modo de poder reírme de mí mismo y de lo que me sucede, de aceptar mis imperfecciones, mis "grietas", de sufrirlas y de disfrutar de ellas".