viernes, 31 de julio de 2015

LOS SÍNTOMAS Y EL SUFRIMIENTO DEL ALMA

A lo largo de nuestra vida todos tenemos que afrontar determinadas situaciones generadoras de tensiones y conflictos. Además hay una serie de acontecimientos que son especialmente estresantes, como la muerte de la pareja, la separación y el divorcio, el fallecimiento de seres queridos, los despidos o reajustes en el trabajo y la jubilación.
Lo que tienen en común todas estas circunstancias es que nos obligan a adaptarnos, nos apremian para que aceptemos los cambios que conllevan, lo que implica, por una parte, incorporar algo nuevo (que de entrada nos da miedo) y, por otra, dejar que se vaya algo que conocemos (que, aunque doloroso, resulta a la vez tranquilizador).

Frente a los cambios, reaccionamos no sólo según nuestra personalidad, más o menos adaptable, flexible y tolerante, sino también a partir de un sistema de creencias que interiorizamos fundamentalmente durante la infancia. Personalidad y creencias constituyen estructuras mentales que a menudo se sienten amenazadas ante los cambios, y como consecuencia se da cierto rechazo y resistencia a ellos.

Así, frente a una circunstancia vital especialmente compleja, unida a una falta de recursos internos y ciertas dificultades para adaptarse a ellas, el ser humano puede generar toda una serie de síntomas, físicos y psicológicos, que desde una perspectiva integradora pueden verse como una voz desde el interior que pretende que se la escuche.

Por lo general, una persona decide iniciar un proceso terapeútico porque su malestar empieza a ser tan acentuado que se ve "obligada"a pedir ayuda, a buscar a alguien que pueda proporcionarle un alivio a sus síntomas y luz en su camino.A veces, esa petición llega incluso mucho después de haber soportado durante un largo período esa oscuridad o sufrimiento existencial.

En efecto, taquicardias, temblores, ansiedad, opresión en el pecho o un estado depresivo son manifestaciones físicas, síntomas que reclaman atención, que se dejan sentir de manera que a la persona cada vez le resulta más difícil vivir haciendo caso omiso de ellos y sin escuchar lo que siente su alma. Porque hay ocasiones en que el alma se queja, protesta y reclama atención, necesita que la escuchen aunque tratemos de hacer lo posible por no tenerla en cuenta.

(Fuente¨:  "Un viaje hacia el corazón" de A. Belart). 

martes, 28 de julio de 2015

LA IMPORTANCIA DEL AUTOCONOCIMIENTO

Día tras día, constato en mi práctica profesional el gran desconocimiento que tienen los seres humanos de sí mismos y esta es la razón fundamental para que no puedan afrontar de forma adecuada cualquier tipo de situación que se presente en sus vidas actuando de forma ambivalente (te quiero y te odio al mismo tiempo) y llegando a importantes niveles de confusión con ellos mismos y con su entorno.

Con el paso del tiempo esta situación está destinada a empeorar y desencadenar todo tipo de alteraciones psicosomáticas degenerando en trastornos de ansiedad y depresión.

Esto es debido a que fueron educados en el seno de una familia que, por las razones que sean, no pudieron ofrecerles una educación basada en el respeto y la comprensión necesarias para poder madurar emocionalmente, sintiéndose  rechazados y, por ende, no queridos. Y, para conseguir el afecto a toda costa, acabaron aceptando los valores inadecuados transmitidos de generación en generación y construyendo realidades paralelas para poder sobrevivir quedando por tanto anclados en etapas infantiles.

En consecuencia, se encuentran en una voraz lucha interior entre lo que son en realidad y lo que la familia, sociedad y cultura les ha transmitido estableciendo relaciones de dependencia con el objetivo de paliar su profundo sentimiento de soledad lo que les convierte en personas vulnerables a merced de los deseos ajenos.

De ahí la importancia del AUTOCONOCIMIENTO, imprescindible para saber realmente quienes somos, para poder solucionar ese vacío afectivo provocado por la falta de comprensión o por ese sentimiento de rechazo, para comprender que vivir en una realidad paralela no es la mejor opción porque no se puede ser feliz en un mundo ficticio, y, en definitiva, para poder sentirnos libres, actuar en función de nuestro propio criterio sin importarnos la opinión de los demás

sábado, 18 de julio de 2015

¿QUÉ LE IMPORTA A NUESTRO CEREBRO?

"Al cerebro no le importa que seas feliz, sólo que sobrevivas".

No podemos controlar nuestro cerebro pero sí gobernarlo. Bajo esta premisa, el biólogo Estanislao Bachrach (Buenos Aires 1971), Doctor en Biología Molecular e investigador en la Universidad de Harvard, defiende la neuroplasticidad cerebral a cualquier edad y señala que el primer paso para intentar cambiar lo que no nos gusta es el AUTOCONOCIMIENTO.

El cerebro no reconoce realidad o fantasía, reconoce tus creencias así que lo primero es creer que lo puedes hacer, y creer implica entender lo que va a suceder luego: trabajo, disciplina, compromiso, tiempo...

Para la neurociencia cambiar es sinónimo de aprender, lo que pasa es que de adultos queremos dominar, no aprender de nuevo. y antes de ponerte a cambiar, tienes que CONOCERTE A TI MISMO  bastante para saber si quieres mover algo de tu vida.

¿Por qué cuesta tanto cambiar?

Primero porque uno cree que no puede. y después cuesta porque tiene que ver con un aprendizaje que comportará fracaso en el camino. Y fundamentalmente porque en el proceso de cambio hay dolor y no nos gusta el dolor. La gente tiene que entender que el cambio es un proceso, es un camino. Pero en el proceso, que puede ser de un día, un año, diez años o toda tu vida, hay dolor.

Y a mayor autocrítica, menos cambio en la vida. Eso no quiere decir que no seamos críticos con nosotros, pero a menudo exageramos.

¿Es el miedo uno de los aspectos que favorecen el no-cambio?

Sí. No querer fracasar, no querer pasarlo mal, no quedar en ridículo...El cambio es un trabajo personal y si estás pendiente de la mirada del otro, no lo vas a hacer. Lo que pasa es que la sociedad vende el cambio como algo fantástico y el cerebro dice: No es fantástico, lo estoy pasando mal!

El cerebro está programado para no cambiar, pero tiene una capacidad de cambio que nosotros no usamos y eso es muy importante para cualquier edad. El cerebro busca la rutina y el automatismo para no correr riesgos.

Ahora no hay dudas científicas de que el cerebro funciona absolutamente diferente bajo el deseo y el querer que bajo el deber. Matemáticamente: si uno quiere, el cerebro te presta las neuronas, pero si uno debe, el cerebro se asusta y te da una o dos.