Cuando pedimos amor significa que tenemos una gran necesidad de ser tenidos en cuenta, de ser valorados y comprendidos y en el momento en que encontremos a alguien que nos hace caso, intentaremos agradar a esa persona hasta el punto de anular nuestros intereses con el objetivo de no perderla.
Si esto ocurre, es porque dentro de nosotros existe un vacío afectivo, una carencia de respeto a nuestra persona, instaurada en la infancia, que, con el paso del tiempo, desencadenará en una baja autoestima y en un concepto muy negativo de nosotros mismos.
Ante la imposibilidad de conseguir una opinión positiva de nosotros , la buscaremos fuera pero al cabo del tiempo, notaremos una gran insatisfacción e incluso sentimientos encontrados porque por mucho que nos valoren no nos lo vamos a creer.
Para que esto no suceda lo primero que hay que hacer es tomar conciencia de cómo se instauró ese vacío afectivo, qué pasó en nuestra niñez y cómo nos convertimos en adultos necesitados de amor. Darnos cuenta de las heridas emocionales que nos provocaron para poder sanarlas. Desaprender todo tipo de hábitos adquiridos que van en contra de nuestra verdadera esencia para poder conseguir esa serenidad que tanto necesitamos.
Sin duda, es un arduo trabajo pero altamente satisfactorio y sólo así, cuando consigamos llegar a diferenciar quiénes somos en realidad y no lo que los demás pretendían que fuéramos.... ya no tendremos la necesidad de pedir amor, ya nos amaremos a nosotros mismos y, por ende, al mundo entero.
Nuria Conde-Luque