"La cuestión del adulto superdotado es quizá aún más delicada de tratar que la del niño superdotado. Aunque admitamos, a pesar de algunas reticencias aún vigentes, que el niño en desarrollo puede mostrar ciertas aptitudes particulares, resultará bastante más difícil aceptar que algunos adultos conserven un comportamiento singular que los distingue.
Ellos mismos lo perciben (sin saber nombrarlo) y los demás lo sienten, pero lo atribuyen espontáneamente a un rasgo de carácter, a una originalidad, a la personalidad "marginal", "rebelde" o demasiado sensible de su amigo...
El adulto se encuentra así acorralado, y desde hace mucho tiempo, en un sistema de espejos que le devuelve imágenes de sí mismo multiformes y a menudo deformadas.
EN BUSCA DE UNO MISMO
El superdotado busca su reflejo y su identidad, y necesita, como cualquiera, comprender quién es, cómo se comporta, por qué lo quieren, por qué lo rechazan, cuáles son sus puntos fuertes, sus valores reales y sus verdaderos límites. Es una búsqueda legítima y universal, consistente en sentir en uno mismo el núcleo idiosincrásico en torno al cual está construido y a partir del cual entra en el juego de la vida y establece su relación con los demás.
Desde la primera infancia intentamos, sin tregua, comprendernos a nosotros mismos para comprender mejor al mundo y a los demás, y, sobre todo, para vivir mejor. Este movimiento natural puede vivirse, según cada personalidad, de manera más o menos consciente.
Algunos avanzan por la vida con certezas y convicciones protectoras y sosegadas: hay que hacer las cosas de esta manera o de aquella, y conviene reaccionar de tal o cual forma según la naturaleza de la situación. Otros andan a tientas, se hacen preguntas sin cesar acerca de todo, siempre,se inquietan por trivialidades que alteran sus presuntas creencias, reaccionan a la mínima variación del entorno, reanudan todo sin descanso desde el comienzo para estar seguros de haber comprendido su sentido profundo y viven siempre con un ligero sentimiento de estar al mismo tiempo con los demás y a su lado. Son adultos de adaptación agitada, que en ocasiones llevan vidas que no les pegan nada, pero parecen amoldarse a ellas... pues da la impresión de que a todo el mundo le resulta completamente normal.
Su destreza singular no escapa al ojo clínico de los médicos y terapeutas con experiencia. El número de adultos superdotados con la vida hecha añicos y que padecen un sufrimiento psicológico severo es elevado, por lo que conviene tomar medidas.
En manos de profesionales sin experiencia o, peor aún, que rechazan este diagnóstico, estas personas emprenderán una serie de "peregrinaciones" diagnósticas y terapeúticas que no harán sino acentuar su malestar y su profundo sentimiento de soledad e incomprensión."
(Fuente: ¿Demasiado inteligente para ser feliz?: Jeanne Siaud-Facchin)
lunes, 28 de noviembre de 2016
viernes, 25 de noviembre de 2016
¿QUÉ QUIERE DECIR "SER SUPERDOTADO"?
- Ser superdotado es, en primer lugar y ante todo, una manera de ser inteligente, un modo atípico de funcionamiento intelectual, una activación de los recursos cognitivos cuyas bases cerebrales son diferentes y cuya organización muestra particularidades inesperadas.
- No se trata de ser "cuantitativamente" más inteligente, sino de disponer de una inteligencia "cualitativamente" distinta.
- Ser superdotado combina un alto nivel de recursos intelectuales, una inteligencia fuera de los límites, una inmensa capacidad de comprensión, de análisis y de memorización JUNTO CON una sensibilidad, una emotividad, una receptividad afectiva, una percepción de los cinco sentidos y una clarividencia cuya amplitud e intensidad invaden el ámbito del pensamiento. Ambas facetas están SIEMPRE entrelazadas.
- Ser superdotado es una manera de "estar en el mundo" que da color al conjunto de la personalidad.
- Ser superdotado es la emoción constantemente a flor de piel, y el pensamiento siempre en los límites del infinito.
¡ DEMOS LA VOZ DE ALARMA!
Hoy en día, los datos clínicos son alarmantes: los niños superdotados suelen tener una trayectoria escolar caótica, son frágiles desde el punto de vista psicológico, tienen vagas referencias narcisistas y viven el mundo de una manera dolorosa. Según su personalidad, lograrán desarrollar defensas y recursos para transformar su particularidad en ventaja, en una dinámica de vida positiva. Pero aquellos cuyo desarrollo está marcado por dificultades afectivas, desarrollarán posteriormente problemas psicológicos diversos. En la adolescencia, las descompensaciones psicológicas son frecuentes y dan como resultado cuadros clínicos atípicos, responsabilidades inasumibles y un pronóstico en ocasiones sombrío.
Las dificultades serán más o menos marcadas en función de que el niño haya sido examinado y de la edad del diagnóstico. Cuando el niño crece sin saber quién es realmente, los riesgos de problemas psicológicos son mayores. en la edad adulta, la personalidad se construirá de manera defectuosa, sobre abandonos y amargura, sobre creencias erróneas acerca de sí mismo y del mundo, o sobre rígidos mecanismos adaptados para protegerse de su intensa vulnerabilidad. Caótico, incómodo y sinuoso, el camino del superdotado adulto suele ser bastante problemático.
Evidentemente, ciertos adultos superdotados llegarán a conseguir un equilibrio de vida placentero, construirán proyectos satisfactorios y llevarán una vida plena. Pero, bajo el pretexto de que los superdotados felices constituyen la inmensa mayoría, ¿cómo es posible ignorar a todos aquellos adultos errantes cuyo problema central se debe al desconocimiento de lo que son?
(Fuente: "¿Demasiado inteligente para ser feliz?". Jeanne Siaud-Facchin)
martes, 27 de septiembre de 2016
11 HÁBITOS DE LAS PERSONAS QUE CAEN BIEN
1. Son auténticas. Ser auténtico y sincero es esencial para caer bien. A nadie le gustan las personas falsas. La gente gravita alrededor de las personas auténticas porque sabe que puede confiar en ellas. Es difícil estar a gusto con alguien que no sabes cómo es de verdad o que no sabes cómo se siente realmente.
La gente que cae bien se conoce a sí misma. Tiene la seguridad suficiente como para estar cómoda siendo como es. Si te concentras en lo que te motiva y lo que te hace feliz como persona, te convertirás en una persona mucho más interesante que si intentas ganarte el cariño de la gente tomando decisiones que tú crees que harán que caigas bien.
2. Hacen preguntas consideradas. El mayor error que cometemos en general a la hora de hablar con los demás es que nos centramos tanto en lo siguiente que vamos a decir o en cómo nos va a afectar lo que está diciendo la otra persona que no escuchamos a nuestro interlocutor. Oímos las palabras altas y claras, pero el significado se pierde. Esto se puede evitar fácilmente haciendo muchas preguntas. A la gente le gusta saber que la están escuchando y algo tan sencillo como una pregunta aclaratoria demuestra que, además de que estamos atentos, nos preocupamos por lo que nos están diciendo. Te sorprenderá el respeto y el aprecio que recibirás solo por hacer preguntas.
3. No juzgan. Si quieres caer bien, tienes que tener la mente abierta. Tener la mente abierta te hace cercano e interesante a los ojos de los demás. Nadie quiere tener una conversación con alguien que se ha formado una opinión preconcebida y no está dispuesto a escuchar.
Tener la mente abierta es crucial en el entorno de trabajo, donde la cercanía implica accesibilidad a nuevas ideas y ayuda. Para eliminar juicios e ideas preconcebidas, lo que hay que hacer es ver el mundo desde la perspectiva de otras personas. Esto no significa que tengas que creer en lo que creen los demás o justificar su comportamiento, simplemente significa que dejas de juzgar el tiempo suficiente como para entender qué es lo que les mueve. Solo entonces les estarás dejando ser quienes son en realidad.
4. No buscan llamar la atención. A la gente no le atraen las personas que están desesperadas por llamar la atención. No hace falta desarrollar una gran personalidad o ser extrovertido para caer bien. Lo único que necesitas para ganarte a la gente es ser amable y considerado. Si hablas de una forma amable, segura y concisa, te darás cuenta de que la gente te presta más atención que si intentas demostrarles que eres una persona importante. La gente percibe tu actitud rápidamente y se siente más atraída por la actitud que muestres que por los conocimientos que tengas o la gente a la que conozcas.
Cuando te estén prestando atención, o se te esté reconociendo un logro, haz énfasis en toda la gente que se ha esforzado para ayudarte a llegar donde estás. Puede que suene a cliché, pero, si es auténtico, el hecho de que te acuerdes de los demás y aprecies su ayuda demostrará que eres una persona agradecida y humilde (dos adjetivos que están íntimamente ligados a las personas que caen bien).
5. Son coherentes. Pocas cosas hacen que la gente no esté a gusto contigo como la incoherencia. Cuando están contigo, les gusta saber con quién están tratando y qué tipo de respuesta pueden esperar. Para ser coherente tienes que ser de fiar, y para eso tienes que asegurarte de que ni siquiera los altibajos emocionales hacen que trates de forma diferente a los demás.
6. Su lenguaje corporal es positivo. Ser consciente de los gestos, las expresiones y el tono de voz (y asegurarse de que son positivos) hace que atraigas a la gente como un picnic a las hormigas. Utilizar un tono entusiasta, no tener los brazos cruzados, mantener contacto visual e inclinarse ligeramente hacia la persona con la que se habla son formas positivas de lenguaje corporal que utilizan las personas emocionalmente inteligentes para atraer a los demás. El lenguaje corporal positivo puede marcar la diferencia en una conversación.
Es cierto eso de la forma de decir algo puede ser más importante que el fondo.
7. Causan una buena primera impresión. Ciertos estudios demuestran que la mayoría de la gente decide si le caes bien o si no durante a los 7 primeros segundos de conocerte. Y luego se pasa el resto de la conversación justificando internamente esa impresión inicial. Puede que esto dé un poco de miedo, pero, sabiendo esto, puedes aprovecharte de ello para conseguir caer mejor. Las primeras impresiones están íntimamente ligadas al lenguaje corporal positivo. Una postura erguida, un apretón de manos firme, una sonrisa y unos hombros rectos te ayudarán a darle una buena impresión a la persona con la que estás hablando.
8. Llaman a la gente por su nombre. El nombre es una parte esencial de la identidad de cada uno, y sienta muy bien oír que otros lo pronuncian. La gente que cae bien se asegura de pronunciar el nombre de los demás. No deberías limitarte a llamar a la gente por su nombre solo al saludar. Hay estudios que demuestran que nos sentimos más valorados cuando la persona con la que estamos hablando se refiere a nosotros utilizando nuestro nombre durante una conversación.
Si eres muy malo con los nombres pero muy bueno para las caras, tómatelo con humor y haz que recordar nombres te sirva para ejercitar el cerebro. Cuando conozcas a alguien, no te cortes y pregúntale cómo se llama una segunda vez si se te olvida su nombre después de que te lo haya dicho. Lo suyo es que te quedes con su nombre y que lo recuerdes para la próxima vez que vayas a ver a esa persona.
9. Sonríen. De manera natural, e inconsciente, la gente imita el lenguaje corporal de la persona con la que está hablando. Si quieres caerle bien a los demás, sonríe durante una conversación y ellos, inconscientemente, te responderán igual y se sentirán bien.
10. Saben a quién tocar. Cuando tocas a alguien durante una conversación, provocas que su cerebro libere oxitocina, un neurotransmisor que hace que su cerebro te asocie con sensaciones positivas, como la confianza. Con tocar el hombro o dar un abrazo o un apretón de manos amistoso basta para que se libere oxitocina. Por supuesto, hay que tocar a la persona adecuada de la manera adecuada para que esto pase, ya que el contacto físico no deseado o inapropiado produce el efecto contrario. Recuerda que las relaciones no solo se construyen con palabras, sino también con sentimientos comunes a las dos personas. Tocar a alguien de una manera apropiada es una forma genial de demostrarle que te importa.
11. Mantienen en equilibrio pasión y diversión. La gente gravita alrededor de las personas apasionadas. Dicho esto, es fácil que las personas apasionadas pasen por personas demasiado serias o faltas de interés porque tienden a centrarse en su trabajo. La gente que cae bien mantiene el equilibrio entre la pasión y la capacidad de divertirse. En el trabajo es seria, pero amable. Suelen ser buenos trabajadores porque son socialmente eficaces en periodos cortos de tiempo y le sacan el máximo rendimiento a los momentos sociales de valor. Le restan importancia a las charlas insustanciales y a los cotilleos y se centran en interactuar de formas más relevantes con sus compañeros de trabajo. Además, se acuerdan de lo que les dijiste ayer o la semana pasada, lo que demuestra que para ellos eres tan importante como su trabajo.
Dr. Travis Bradberry (Autor de 'Inteligencia emocional 2.0' y presidente de TalentSmart).
Traducción: Lara Eleno Romero
viernes, 12 de agosto de 2016
¿ES NORMAL TENER MIEDO A LA SOLEDAD?
El miedo a la soledad está directamente relacionado con nuestro desarrollo emocional. Si emocionalmente vamos creciendo a la vez que cumplimos años, la soledad nos da bienestar y nos hace vivir de forma plena, pudiendo crear relaciones sanas, maduras y sin dependencias.
Cuando somos niños nos asusta la soledad porque nos sentimos indefensos.
Vamos creciendo y oyendo a los adultos repetir una y otra vez, que si nos portamos mal nos quedaremos solos. Esta es una de las malas informaciones que nos quedan grabadas. A medida que nos hacemos mayores, este miedo tiene que ir desapareciendo de forma paulatina, hasta que se va trasmutando en esa sensación de paz que nos dan los momentos de soledad.
Estamos programados para vivir en comunidades…
Aunque hay personas que prefieren vivir mas alejados de los centros urbanos, hacer retiros alguna vez para hacer un “reset” o que tienen el hábito de meditar a diario para tener ese momento de encuentro interior.
Por eso es que cuando dejamos de ser niños, el miedo a la soledad no es normal y hay que prestar especial atención a este sentimiento porque si persiste es un bloqueo que nos limitará durante nuestra vida.
¿Por qué hay personas que nunca pueden estar solas?
Las personas que no pueden estar solas, o que buscan aturdirse para no escuchar su interior, son personas dependientes y con una gran carga de inseguridad. Para compensar este miedo a la soledad se rodean de gente que no siempre son de su total agrado pero se sienten compensados por esta compañía, aunque lo que logran es un sentimiento más profundo de soledad.
Estar acompañados es algo natural en nosotros, pero tenemos que aprender a sentirnos tranquilos en los períodos de soledad. Disfrutar de estos dos estados es producto de un muy buen equilibrio y un concepto claro de bienestar.
Alternar soledad y compañía es una pauta sana y necesaria que nos ayudará encontrar la dosis perfecta. Estar solos supone silencio, saber que es lo que nos gusta de verdad y hacerlo, podemos mirar hacia dentro nuestro y disfrutar de lo que oímos. Mantener un diálogo honesto y claro con nosotros mismos , y esto es algo que no todas las personas están preparadas para hacer.
Autora: Marta Sergiani
martes, 26 de julio de 2016
¿QUÉ ES Y QUÉ HACE UN PSICÓLOGO?
Los psicólogos, somos profesionales de la salud mental, como acredita nuestro título de licenciad@ en Psicología.
La Psicología, por otra parte, es la ciencia que estudia los procesos mentales en sus tres dimensiones:
- Cognitiva ( pensamiento )
- Afectiva ( emocional )
- Comportamental ( conducta )
Como expertos en el comportamiento humano, nos dedicamos a evaluar las VARIABLES, que están provocando la situación problemática, y los FACTORES, que permiten que se mantenga a lo largo del tiempo.
Una vez establecido el DIAGNÓSTICO, iniciamos una intervención personalizada, que consiste en un plan de actuación adaptado a cada persona, en función de sus características de personalidad y del contexto personal, social y familiar que la rodea.
Este plan consiste, en primer lugar, en una explicación clara y profunda a la persona, de cómo se ha ido creando la situación de conflicto desde el ORIGEN, asegurándonos su comprensión, factor imprescindible de cara al inicio de su mejoría.
Y, en segundo lugar, vamos dotando a la persona, de las habilidades necesarias, para poder poner en práctica los RECURSOS y ESTRATEGIAS que iremos estableciendo, para que se vaya sintiendo cada vez más aliviada hasta recuperar su salud y bienestar emocional.
lunes, 25 de abril de 2016
EL OBJETIVO DE UNA TERAPIA DE PAREJA
Cuando las parejas empiezan a tener problemas, es habitual encontrar que cada miembro responsabilice al otro de su malestar sin tener en cuenta el papel que ocupa él mismo en dicha situación conflictiva.
Los seres humanos tendemos a pensar que no somos responsables de nuestros problemas sin tener en cuenta nuestra coherencia mental, es decir, si lo que hacemos se corresponde con lo que pensamos y sentimos. Tenemos tanto miedo a ser coherentes que no hacemos más que justificarnos.
Cada persona viene provista de su propio esquema de valores construidos en función de la educación que recibe , de la sociedad en la que vive y de la cultura en la que está inmersa y al entrar en contacto con otras personas empiezan a ponerse de manifiesto todo tipo de déficit educativos que estaban hasta ese momento en lo más profundo de nuestro inconsciente.
Aparece entonces el mecanismo de la proyección psicológica mediante el cual el individuo atribuye a otras personas sentimientos, pensamientos o impulsos propios que niega o le resultan inaceptables.
EL OBJETIVO DE LA TERAPIA DE PAREJA es lograr la responsabilidad mutua en el conflicto y explicar que cada relación/encuentro es una oportunidad para conocernos a nosotros mismos, que no hay relaciones buenas o malas, todas tienen un propósito, una gran oportunidad para crecer y los problemas son formas de pensamiento que nos van a permitir evolucionar.
Las polaridades son la fuerza que crea el movimiento, lo que te hace crecer son las dificultades.
Si observas a tu pareja y no juzgas, verás la verdad. Para poder ver lo que tienes que aprender, hay que dejar de juzgar,
Conclusión: La única relación que hay que sanar es contigo mismo.
domingo, 17 de abril de 2016
¿BUSCAS LA APROBACIÓN DE LOS DEMÁS?
Es habitual buscar una y otra vez la aprobación de los demás, y esto sucede porque carecemos de nuestro propio reconocimiento. Hay que tener en cuenta que esta búsqueda resulta inútil ya que es imposible creer en la valoración que viene del exterior si no tenemos claro cómo somos realmente o en qué nos hemos convertido en función de las circunstancias que nos ha tocado vivir.
Ya nos pueden valorar por cualquier cosa que hagamos o ensalzar alguna de nuestras mejores cualidades que, en un primer momento, nos agradará pero, al poco tiempo, sentiremos desconfianza e, incluso, pensaremos que no es cierto.
Por tanto, se ponen de manifiesto los sentimientos de inferioridad que se han ido gestando a partir de la primera infancia si nuestra educación se ha caracterizado, sobre todo, por la incomprensión de nuestros progenitores de nuestra manera de ser, de contemplar el mundo, de sentir, en definitiva, de nuestra esencia.
Las consecuencias, por tanto, a medio y largo plazo, de esta situación, provocan sentimientos de impotencia y frustración dañando considerablemente la autoestima y generando un concepto muy negativo de nosotr@s mism@s.
La solución para erradicar estos sentimientos negativos requiere un trabajo basado en el autoconocimiento y la puesta en práctica de instrucciones muy concretas para empezar a creer que es posible conseguir todo aquello que deseamos y creímos imposible alcanzar.
lunes, 21 de marzo de 2016
LOS OCHO TEMORES MÁS IRRACIONALES QUE PARALIZAN A LOS ADULTOS
La psicología humana se afinó hace miles de años, cuando tenía sentido inquietarse ante el riesgo de que algo nos atacase mientras hacíamos nuestras necesidades o un depredador acechara en el bosque. Estos son los miedos atávicos que heredamos de nuestros ancestros y que la evolución no ha podido borrar.
Hace un año, el ilustrador y profesor del Instituto de Artes de California Fran Krause pudo comprobar que nuestras inquietudes se siguen pareciendo a las que experimentaron nuestros tatarabuelos del Paleolítico. Krause pidió a sus seguidores online que le enviaran una lista con las sensaciones que les producían mayor desasosiego en su día a día. La sorpresa es que, en pleno XXI, lo que sigue desvelando a la mayoría son reflejos que adquieren autonomía en el espejo, sombras que cobran vida, accidentes improbables pero perturbadores, fenómenos de la naturaleza que parecen empeñados en volvernos locos…
Hay mecanismos neuropsicológicos, desarrollados hace milenios, de los que la evolución humana no ha podido desprenderse aún, asegura Luis Muiño en el artículo Los ocho temores más irracionales que firma en la revista Muy Interesante n.º 418 del mes de marzo. Como señala Richard McNally, profesor de Psicología de la Universidad de Harvard, nuestra especie aprende con rapidez a temer las serpientes, las arañas y los acantilados. Cualquier asociación negativa potencia esas prevenciones, porque estas quizá ayudaron a sobrevivir a nuestros antepasados. Sin embargo, estamos menos predispuestos a sentir zozobra ante las amenazas de la electricidad, las armas, los coches o el tabaco, mucho más nocivos en potencia para la salud actual.
La pervivencia de tales sensaciones demuestra que conservamos un hardware biológico que nos conmueve ante determinados fenómenos. Para investigar cuáles son estos miedos y qué los causa, Luis Muiño ha confeccionado una lista con las ocho imágenes perturbadoras más habituales y ha buscado sus explicaciones psicocientíficas: ser enterrado en vida, oír voces en el viento, que salga un bicho del retrete, sufrir fobia social, mal rollo con los espejos. sentir que algo nos corroe por dentro. los peligros que esconde la oscuridad y toparse con seres de otro mundo en el bosque.
Pero con los avances de la medicina moderna, esa inquietud dejó de tener sentido. Aun así, el cantante Manolo Escobar insistió hace poco a sus allegados de que comprobasen su muerte antes de llevarlo al cementerio, según contó su hija.¿Por qué sigue estando tan presente en el imaginario colectivo? La razón principal es la difusión de leyendas urbanas sobre el asunto. Jan Harold Brunvand, profesor emérito de la Universidad de Utah, recuerda que la trasmisión de miedos se produce en gran parte a partir de supuestos sucesos que pocos han presenciado. Este tipo de rumores presentan dos características: se refieren a circunstancias que tocan nuestra fibra sensible y tienen zonas oscuras. En efecto, casi nadie sabe lo suficiente de medicina como para desmentirlos taxativamente.
Además, los bulos deben poseer morbo, aspectos llamativos que estimulen nuestra mente. Los temas que nos fascinan están relacionados con fenómenos a medio camino entre dos etiquetas que se suponen incompatibles, como lo vivo y lo muerto, la verdad y la mentira. No es de extrañar que la posibilidad de ser enterrado vivo haya dado lugar a tantas ficciones: desde relatos como El entierro prematuro (1844), de Edgar Allan Poe, hasta películas como Buried (2010). Pero el murmullo se irá apagando a medida que podamos reírnos de él.
lunes, 14 de marzo de 2016
¿DETESTAS RUBORIZARTE CON FACILIDAD?. QUIZÁS CAMBIES DE IDEA...

El rubor facial es un indicador no verbal de que la persona está experimentando la emoción de pudor o vergüenza intensa en presencia normalmente de otras personas. Percibimos cierta incomodidad y temor a hacer el ridículo y nuestro sistema nervioso simpático se hiperactiva, el ritmo cardíaco se acelera y el calor invade nuestro rostro. También está asociado a ciertos niveles de sorpresa, ira, alegría y excitación sexual.
Para algunas personas es ciertamente un problema grave y desarrollan una conducta fóbica (eritrofobia) que les impide relacionarse con facilidad y condicionan sus vidas por miedo a la ansiedad que les produce ruborizarse. Tal es el grado de terror ante esta situación que muchos se deciden por una intervención quirúrgica para evitarlo, mediante la simpatectomía endoscópica torácica (¡ahí es nada!), normalmente utilizada también para paliar la hiperhidrosis (exceso de sudoración).
Lo que quizás no sepan estos sufridores es que sonrojarse tiene ciertas ventajas sociales, concretamente en cómo nos perciben los demás cuando lo hacemos. Y es que este enrojecimiento tiene tres características que lo hacen especial: no lo podemos controlar, es imposible de fingir y es una característica únicamente humana; no hay animal en el mundo que se sonroje cuando sienta pudor.
El rubor es lo contrario a la frialdad, a la intención de manipular, es algo que una inteligencia maquiavélica y oscura, con malas intenciones, no haría jamás. Por tanto, hay evidencias experimentales de que preferimos a la gente que se ruboriza, para quién se sonroja en público, automáticamente se le asocian características como la calidez humana, la sinceridad y la honestidad, se perciben como personas más cooperativas e incluso, resultan más atractivas.
“Tras una transgresión, percibimos como más empático y digno de confianza a alguien que se pone colorado”, explica Peter J. de Jong, profesor de psicología experimental en la Universidad de Groninga (Holanda) en su libro ‘The psychological significance of the blush’.
En esta línea, un estudio de Peter Drummond, profesor de psicología de la Universidad de Murdoch (Australia) y uno de los científicos que más ha publicado sobre el tema, ha demostrado que el rubor se produce independiente del color de la piel, “aunque la gente con piel más oscura se preocupa menos de sonrojarse que la de piel clara” asevera el experto. “Así mismo, las mujeres se sonrojan un poco más que los hombres, pero todavía no sabemos por qué”.
Por tanto, si esta reacción antes indeseable te vuelve a ocurrir, recuerda que estás mostrándole a tu interlocutor tu lado más humano y que evocarás en él confiabilidad, calidez y bondad. Podría ser especialmente interesante si detectáramos esta conducta en alguno de nuestros representantes políticos, aún después de un acto socialmente reprochable, podríamos inferir un resquicio de arrepentimiento, de sentimiento real de culpa y de aflicción sincera ante la falta cometida y serían percibidos por la ciudadanía como seres más naturales, francos y veraces.
lunes, 7 de marzo de 2016
MÁS DE 100.000 ESTUDIANTES DE ESO SUFREN ACOSO EN ESPAÑA
"El insulto es la manifestación más recurrente del acosos según una encuesta de ‘Save the Children’.
“Todo empieza cuando... tenia unos 9-10 años, no me acuerdo muy bien. (…) Y ya en clase me hicieron bullying porque no sabía hablar español. (…) En la escuela supieron cual era mi correo electrónico y empezaron a enviarme correos diciéndome que era un inútil, que era un pringao...(…) Nunca contaba nada a mis padres... con mis padres no había mucha relación, no busque su apoyo, sentí que no tenía el apoyo de nadie...Un día pedí ayuda a los profesores, lo pasaron por alto... entonces me empezaron a pegar…El bullying fue a más... los que me hacían bullying tanto físico como ciberbullying eran chicos, se sentían poderosos, se reforzaban entre ellos, todo era porque querían ser más, los más...El bullying que me hacían consistía en perseguirme hasta casa, pegarme, quitarme las cosas, mandarme cartas insultándome...Me robaban los apuntes, los libros, me destrozaron tres mochilas, llegaba con moratones a casa...”
Este es Jaspel, de 20 años, un joven que sufrió acoso escolar en silencio durante los dos primeros años de la ESO. Este joven, que ahora tiene 20 años, forma parte de ese casi 10% de estudiantes que sufre acoso, tanto físicos como a través de las redes sociales, según un trabajo presentado esta mañana por la oenegé Save the Children. El informe, basado en las encuestas realizadas a 21.487 alumnos de entre 12 y 16 años (ESO) de institutos públicos, señala que un 9,3% de los estudiantes encuestados considera que ha sufrido acoso tradicional en los dos últimos meses. Un 6,9% se considera victima de ciberacoso. En número absolutos, ambas formas de violencia infantil afectarían a 111.000 y 82.000 adolescentes estudiantes en centros públicos.

El insulto es la manifestación más recurrente del acoso: seis de cada diez estudiantes reconoce que alguien les ha insultado y más de dos de cada diez lo sufre frecuentemente. Además de sufrir insultos directos o indirectos, un acosado puede ser victima de rumores, robo de sus pertenencias, amenazas, golpes o exclusión. Cuando el acoso sucede en las redes, es también el insulto la forma de violencia más recurrente: en los últimos dos meses uno de cada tres niños y niñas ha sido insultado por internet o móvil.
Ciberacosadores
Entre las manifestaciones de acoso relacionadas con nuevas tecnologías y a modo de ejemplo, un 6,3% reconoce que alguien ha pirateado su cuenta en redes sociales y se ha hecho pasar por él o ella. En cuanto a los adolescentes que acosan, un 5,4% de los encuestados reconoce haberlo hecho y un 3,3% reconoce ser responsable de ciberacoso. Aplicando estos porcentajes al total de los estudiantes de ESO de institutos públicos, 64.000 y 39.000 alumnos se reconocen como acosadores y ciberacosadores respectivamente. La mitad de los encuestados reconoce haber insultado o dicho palabras ofensivas a alguien, y uno de cada tres ha agredido físicamente a otro menor de edad.
Uno de cada cuatro ha insultado usando internet o el móvil, y casi uno de cada diez ha amenazado a otro menor. “Es evidente la necesidad de medir este fenómeno para saber como abordarlo y poner los recursos adecuados para su solución. Al mismo tiempo, es esencial reducir el riesgo de exagerar el alcance de este tipo de violencia, ya que podría causar sobreprotección o medidas coercitivas desproporcionadas, pero también debemos ser cautelosos con la negación de esta violencia cuya consecuencia mas grave es que sus víctimas pasen desapercibidas”, señala Andrés Conde, responsable de Save the children.
El acoso entre iguales (bullying) y el ciberacoso (ciberbullying), son formas de violencia contra los niños y niñas cuya existencia no es novedosa en los centros educativos, ya que se sufre desde hace mucho tiempo. Pero el acoso o el ciberacoso también se producen más allá del ámbito escolar, aunque muchas veces se detecten o tengan repercusiones directas en la vida escolar. La escuela no es la causante ni el único lugar donde se gesta esta violencia, sino mas bien parte de la solución, pues la educación y el entorno educativo son claves para combatir este tipo de violencia”, añade Conde."
Celeste López
Celeste López
domingo, 6 de marzo de 2016
UNA ESTRATEGIA EMOCIONAL PUEDE AYUDAR A LOS ADOLESCENTES A GANAR SIN PELEAR
Desde peleas con los mejores amigos a comentarios de odio en aplicaciones anónimas, los adolescentes a menudo se dejan llevar por sus enérgicas reacciones emocionales. Por mucho que los adultos significativos en sus vidas intenten, es imposible protegerlos completamente de las situaciones de enojo o perturbadores que inevitablemente conlleva el crecimiento. Sin embargo, algunos adolescentes parecen gestionar mejor sus emociones negativas durante tiempos difíciles mientras que otros cavilan y cavilan, la pregunta obvia es ¿por qué? Una nueva investigación revela que todo depende en gran medida en como el adolescente enfoca la situación.
Los investigadores querían saber por qué algunos jóvenes aprenden a gestionar sus emociones más eficientemente, encontraron que aquellos que mentalmente eran capaces de dar un paso atrás de su propio punto de vista cuando piensan en algo preocupante pueden hacerle frente a sus emociones negativas con mayor eficacia y por tanto resultan menos molestas para ellos.
El estudio fue realizado por investigadores de la Universidad de Pennsylvania y la Universidad de Michigan, fue publicado en la revista Child Development.
Los investigadores encuestaron a 226 adolescentes entre los 11 a 20 años de edad acerca de un evento reciente que los enfureció extremamente, tal como una pelea. Estos adolescentes luego reflexionaron sobre sus experiencias y por qué consideraron que sintieron tanta ira. Ellos les dijeron a los investigadores lo que sucedió y compartieron sus sentimientos acerca del evento.
Los investigadores estaban interesados en cómo estos adolescentes se distanciaban de la situación ahora que ellos reflexionaban acerca de ella en retrospectiva. Realizaron preguntas tales como: “Cuándo viste de nuevo la pelea en tu imaginación hace unos minutos, ¿cómo te sientes si la ves desde tus propios ojos, en comparación si lo ves a la distancia (como verte a ti mismo en una película)?” Y ¿cuándo viste la pelea de nuevo en tu imaginación hace unos momentos a que distancia te sentiste de esta?
Observar la experiencia desde otra perspectiva como si fuera una película, permitió a los jóvenes sentirse menos molestos que los que simplemente experimentaron el conflicto desde su propia óptica. Los adolescentes que dieron un paso atrás desde su propio punto de vista fueron capaces de reconsiderar su experiencia con una nueva visión, fueron más propensos a reflexionar y recapacitar sobre lo sucedido de una manera significativa y además disminuyo la tendencia a recavilar sobre los acontecimientos perturbadores en sus mentes, aunque ello no implicó que fueran más proclives a perdonar.
En comparación quieres solo reflexionaban desde su propia perspectiva eran más dados a culpar a las otras personas involucradas los que les generaba más angustia emocional.
Investigaciones realizadas previamente con adultos evidencian que el auto-distanciamiento ayuda a la autoreflexión adaptativa, sin embargo no existían investigaciones con adolescentes sobre si estos espontáneamente se involucraban en dicho proceso o si al realizarlo lograban algún resultado.
La autora principal del estudio la doctora Rachel E. White afirmó al respecto:
"Mentalmente, dar un paso atrás desde un evento no significa que los jóvenes evadan sus problemas. De hecho, ellos están tratando sus dificultades de una manera más adaptativa. Los resultados muestran que los adolescentes pueden emplear estrategias de auto-distanciamiento de la misma manera que los adultos. También sugiere que la adolescencia es crítica para el desarrollo de esta forma de regular las emociones.”
En conclusión la enseñanza de estrategias de auto-distanciamiento en adolescentes podría ayudarles a manejar mejor situaciones difíciles en esta etapa de la vida. Así que la próxima vez que ellos se estén sintiendo enojados por algo, solicíteles que se salgan de sus propios zapatos por un momento y consideren la situación como un observador externo lo haría. Un tiempo de espera emocional de la experiencia puede darles la capacidad de pensar más lógica y marcar la diferencia.
lunes, 15 de febrero de 2016
CÓMO EVITAR EL DESCONTENTO CON UNO MISMO
Aceptarse a uno mismo significa conocerse, saber cuáles son nuestras cualidades y cuales nuestros defectos que nos hacen ser como somos.
Aceptarse a uno mismo significa comprender que no todo lo que hacemos siempre es tal y como nos gusta, que a menudo fallamos con aquellas cosas que nos importan, pero sin embargo, seguimos intentándolo, seguimos en pie y jamas nos rendimos.
Aceptarse a uno mismo no significa que me crea el mejor o la mejor del mundo, no significa que soy superior a nadie, aceptarse a uno mismo significa que sea como sea voy a confiar en mí para hacerlo lo mejor que pueda.
Aceptarse a uno mismo es más que quererse y verse guapo, es conocer nuestras limitaciones y reconocer nuestros errores delante de otras personas sin avergonzarnos, pues todos somos humanos.
Aceptarse a uno mismo es darse a conocer y mostrarse tal y como somos, sin mentiras, sin facetas, sin máscaras… siendo nosotros mismos tal y como lo sentimos, siendo originales, espontáneos, naturales.
Aceptarse a uno mismo significa compartir con los demás nuestro lado bueno, nuestras cualidades, compartir todo aquello que sabemos hacer bien y que nos gusta. También pedir consejo para aprender a mejorar nuestros defectos y seguir mejorando como personas.
Desde luego que si aceptarse a uno mismo significa tantas cosas, es todo un reto, puesto que no es sencillo aceptar todo sobre nosotros, sobre todo aquellas cosas que más nos desagradan de nosotros mismos. Sin embargo, no hay mejor oportunidad en la vida que aceptarse a uno mismo y poder mostrarnos tal y como somos al mundo para sacar nuestro máximo potencial.
viernes, 12 de febrero de 2016
LA ENVIDIA Y EL SÍNDROME DE SOLOMON
- Formamos parte de una sociedad que tiende a condenar el talento y el éxito ajeno.
- La envidia paraliza el progreso por el miedo que genera no encajar con la opinión de la mayoría.
- Uno de los mayores temores del ser humano es diferenciarse del resto y no ser aceptado.
En 1951, el reconocido psicólogo estadounidense Solomon Asch fue a un instituto para realizar una prueba de visión. Al menos eso es lo que les dijo a los 123 jóvenes voluntarios que participaron –sin saberlo– en un experimento sobre la conducta humana en un entorno social. El experimento era muy simple. En una clase de un colegio se juntó a un grupo de siete alumnos, los cuales estaban compinchados con Asch. Mientras, un octavo estudiante entraba en la sala creyendo que el resto de chavales participaban en la misma prueba de visión que él.
Haciéndose pasar por oculista, Asch les mostraba tres líneas verticales de diferentes longitudes, dibujadas junto a una cuarta línea. De izquierda a derecha, la primera y la cuarta medían exactamente lo mismo. Entonces Asch les pedía que dijesen en voz alta cuál de entre las tres líneas verticales era igual a la otra dibujada justo al lado. Y lo organizaba de tal manera que el alumno que hacía de cobaya del experimento siempre respondiera en último lugar, habiendo escuchado la opinión del resto de compañeros.
Cabe señalar que solo un 25% de los participantes mantuvo su criterio todas las veces que les preguntaron; el resto se dejó influir y arrastrar al menos en una ocasión por la visión de los demás. Tanto es así, que los alumnos cobayas respondieron incorrectamente más de un tercio de las veces para no ir en contra de la mayoría. Una vez finalizado el experimento, los 123 alumnos voluntarios reconocieron que “distinguían perfectamente qué línea era la correcta, pero que no lo habían dicho en voz alta por miedo a equivocarse, al ridículo o a ser el elemento discordante del grupo”.La respuesta era tan obvia y sencilla que apenas había lugar para el error. Sin embargo, los siete estudiantes compinchados con Asch respondían uno a uno la misma respuesta incorrecta. Para disimular un poco, se ponían de acuerdo para que uno o dos dieran otra contestación, también errónea. Este ejercicio se repitió 18 veces por cada uno de los 123 voluntarios que participaron en el experimento. A todos ellos se les hizo comparar las mismas cuatro líneas verticales, puestas en distinto orden.
A día de hoy, este estudio sigue fascinando a las nuevas generaciones de investigadores de la conducta humana. La conclusión es unánime: estamos mucho más condicionados de lo que creemos. Para muchos, la presión de la sociedad sigue siendo un obstáculo insalvable. El propio Asch se sorprendió al ver lo mucho que se equivocaba al afirmar que los seres humanos somos libres para decidir nuestro propio camino en la vida.
Más allá de este famoso experimento, en la jerga del desarrollo personal se dice que padecemos el síndrome de Solomon cuando tomamos decisiones o adoptamos comportamientos para evitar sobresalir, destacar o brillar en un grupo social determinado. Y también cuando nos boicoteamos para no salir del camino trillado por el que transita la mayoría. De forma inconsciente, muchos tememos llamar la atención en exceso –e incluso triunfar– por miedo a que nuestras virtudes y nuestros logros ofendan a los demás. Esta es la razón por la que en general sentimos un pánico atroz a hablar en público. No en vano, por unos instantes nos convertimos en el centro de atención. Y al exponernos abiertamente, quedamos a merced de lo que la gente pueda pensar de nosotros, dejándonos en una posición de vulnerabilidad.
El síndrome de Solomon pone de manifiesto el lado oscuro de nuestra condición humana. Por una parte, revela nuestra falta de autoestima y de confianza en nosotros mismos, creyendo que nuestro valor como personas depende de lo mucho o lo poco que la gente nos valore. Y por otra, constata una verdad incómoda: que seguimos formando parte de una sociedad en la que se tiende a condenar el talento y el éxito ajenos. Aunque nadie hable de ello, en un plano más profundo está mal visto que nos vayan bien las cosas. Y más ahora, en plena crisis económica, con la precaria situación que padecen millones de ciudadanos.
Detrás de este tipo de conductas se esconde un virus tan escurridizo como letal, que no solo nos enferma, sino que paraliza el progreso de la sociedad: la envidia. La Real Academia Española define esta emoción como “deseo de algo que no se posee”, lo que provoca “tristeza o desdicha al observar el bien ajeno”. La envidia surge cuando nos comparamos con otra persona y concluimos que tiene algo que nosotros anhelamos. Es decir, que nos lleva a poner el foco en nuestras carencias, las cuales se acentúan en la medida en que pensamos en ellas. Así es como se crea el complejo de inferioridad; de pronto sentimos que somos menos porque otros tienen más.
El primer paso para superar el complejo de Solomon consiste en comprender la futilidad de perturbarnos por lo que opine la gente de nosotros. Si lo pensamos detenidamente, tememos destacar por miedo a lo que ciertas personas –movidas por la desazón que les genera su complejo de inferioridad– puedan decir de nosotros para compensar sus carencias y sentirse mejor consigo mismas. Bajo el embrujo de la envidia somos incapaces de alegrarnos de las alegrías ajenas. De forma casi inevitable, estas actúan como un espejo donde solemos ver reflejadas nuestras propias frustraciones.
Sin embargo, reconocer nuestro complejo de inferioridad es tan doloroso, que necesitamos canalizar nuestra insatisfacción juzgando a la persona que ha conseguido eso que envidiamos. Solo hace falta un poco de imaginación para encontrar motivos para criticar a alguien.
¿Y qué hay de la envidia? ¿Cómo se trasciende? Muy simple: dejando de demonizar el éxito ajeno para comenzar a admirar y aprender de las cualidades y las fortalezas que han permitido a otros alcanzar sus sueños. Si bien lo que codiciamos nos destruye, lo que admiramos nos construye. Esencialmente porque aquello que admiramos en los demás empezamos a cultivarlo en nuestro interior. Por ello, la envidia es un maestro que nos revela los dones y talentos innatos que todavía tenemos por desarrollar.
En vez de luchar contra lo externo, utilicémosla para construirnos por dentro. Y en el momento en que superemos colectivamente el complejo de Solomon, posibilitaremos que cada uno aporte –de forma individual– lo mejor de sí mismo a la sociedad.
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