El miedo a la soledad está directamente relacionado con nuestro desarrollo emocional. Si emocionalmente vamos creciendo a la vez que cumplimos años, la soledad nos da bienestar y nos hace vivir de forma plena, pudiendo crear relaciones sanas, maduras y sin dependencias.
Cuando somos niños nos asusta la soledad porque nos sentimos indefensos.
Vamos creciendo y oyendo a los adultos repetir una y otra vez, que si nos portamos mal nos quedaremos solos. Esta es una de las malas informaciones que nos quedan grabadas. A medida que nos hacemos mayores, este miedo tiene que ir desapareciendo de forma paulatina, hasta que se va trasmutando en esa sensación de paz que nos dan los momentos de soledad.
Estamos programados para vivir en comunidades…
Aunque hay personas que prefieren vivir mas alejados de los centros urbanos, hacer retiros alguna vez para hacer un “reset” o que tienen el hábito de meditar a diario para tener ese momento de encuentro interior.
Por eso es que cuando dejamos de ser niños, el miedo a la soledad no es normal y hay que prestar especial atención a este sentimiento porque si persiste es un bloqueo que nos limitará durante nuestra vida.
¿Por qué hay personas que nunca pueden estar solas?
Las personas que no pueden estar solas, o que buscan aturdirse para no escuchar su interior, son personas dependientes y con una gran carga de inseguridad. Para compensar este miedo a la soledad se rodean de gente que no siempre son de su total agrado pero se sienten compensados por esta compañía, aunque lo que logran es un sentimiento más profundo de soledad.
Estar acompañados es algo natural en nosotros, pero tenemos que aprender a sentirnos tranquilos en los períodos de soledad. Disfrutar de estos dos estados es producto de un muy buen equilibrio y un concepto claro de bienestar.
Alternar soledad y compañía es una pauta sana y necesaria que nos ayudará encontrar la dosis perfecta. Estar solos supone silencio, saber que es lo que nos gusta de verdad y hacerlo, podemos mirar hacia dentro nuestro y disfrutar de lo que oímos. Mantener un diálogo honesto y claro con nosotros mismos , y esto es algo que no todas las personas están preparadas para hacer.
Autora: Marta Sergiani