Las claves esenciales
Sentirse como los otros y, sin embargo, diferente. Pero ¿diferente en qué? ¿Por qué?
La necesidad de conservar esa diferencia queriendo "ser normal" a cualquier precio, esto es, dentro de la norma. La sensación de que, si no se reacciona como los demás, entonces no se les puede culpar a ellos, sino a uno mismo. Y, según el pensamiento más extendido, si yo no soy "como los demás", si no reacciono "como los demás", si no comprendo las cosas "como los demás", entonces es que estoy loco.
La necesidad de ser comprendido tal como se es en realidad. Y no como se suele comprender y tratar al que difiere de la norma: enviándolo al psiquiatra. Los superdotados comparten con la población de enfermos psiquiátricos un aspecto central: su diferencia en cuanto a la adaptación al mundo. Tienen una forma de "estar en el mundo" que los distingue de sus semejantes. Entonces, en ocasiones, surge la confusión, y con ella el peligro de diagnosticar la superdotación como un trastorno psiquiátrico cuando no se trata en modo alguno de una "locura ordinaria", sino de una personalidad extraordinaria, en su sentido etimológico, esto es "fuera de lo ordinario". he aquí una diferencia inmensa.
Y, sí, quiero decir a todos esos adultos superdotados, a los que lo saben, a los que lo han comprendido, a los que lo ignoran a la par que lo perciben que sois personas singulares con:
*una forma de pensamiento,
*un modo de razonamiento,
*una manera de percibir, comprender y analizar el mundo,
*una sensibilidad exagerada,
*una emotividad desbordante,
*una necesidad de saber y dominar irreprimible,
*una receptividad emocional intensa con respecto al entorno y a
los otros,
*una necesidad incesante de cuestionarlo siempre todo,
*una lucidez aguzada que pocas veces os deja en paz,
*una íntima convicción de ser inútiles aunque los demás os
consideren inteligentes.
... Y que hacen de vosotros unos "extranjeros" entre los demás, aun cuando vuestro deseo más íntimo sería que os aceptasen en ese mundo que tan bien conocéis sin conocer nada, que queréis domesticar y que siempre parece escaparse, por el que os dejaríais adoptar y que os rechaza en cuanto os expresáis...
Ser comprendidos, simplemente. Que comprendan vuestra singularidad. Porque en el fondo vosotros no pedís obligatoriamente comprensión: sabéis de sobra que los demás no siempre pueden seguir vuestros razonamientos, vuestras dudas o vuestra sensibilidad, pero vosotros pedís solamente un entendimiento honesto, basado en el respeto mutuo. Sea cual fuere la diferencia.
¡Qué curioso es nuestro mundo!
...¡Y pensar que algunos todavía creen que los superdotados son los que triunfan, aprueban los exámenes de nuestros colegios más prestigiosos y ocupan los puestos más codiciados de nuestra sociedad! ¿Cómo se puede seguir pensando semejantes cosas? lo que es seguro es que quienes piensan que ser superdotado debe considerarse solo como una suerte lo ignoran todo acerca de esas personalidades frágiles y sensitivas que solo piden una cosa: llegar a ser amados y aceptados (también ellos) tal como son.
El exceso de inteligencia es un arma de doble filo: hace sufrir, pero a nadie se le ocurre compadecer a quien sufre por esa causa. Al contrario, en ocasiones suscita celos y agresividad, magnificando así el sufrimiento. Nadie dirá nunca de alguien: "Es simpático, pero es que el pobre es demasiado inteligente".
Así pues, ¿cómo compadecerse de aquellos cuya inteligencia parece todopoderosa?....
El trabajador eficiente no es el superdotado
... Los trabajadores eficientes se distinguen de los superdotados por su facilidad para utilizar su potencial, cuyas formas adaptadas convienen a la sociedad. A su lado, está la naturaleza más desenfrenada, desordenada, intensa y tumultuosa del superdotado, que es más difícil de "formatear". Para él, el combate empieza por uno mismo. Hay que llegar a domesticar, amansar y canalizar el pensamiento y la comprensión tentacular del mundo en una corriente lineal y concentrada, limando las asperezas más sensibles y dolorosas de la sensibilidad. Ese es el primer desafío. Después, y solo después, podrá preguntarse qué hacer con el mundo. Cómo responder a las expectativas. Cómo alcanzar, también él, el éxito.
Una pregunta frecuente:
¿en qué se convierten los niños superdotados?
Se convierten en personas diferentes. En función de si han sido amados, acompañados, comprendidos o excluidos, rechazados o maltratados por la vida y por los demás, entonces se convierten en lo que pueden...como cada uno de nosotros.
No hay un camino trazado e idéntico para todos, cada uno tiene sus diferencias.
Unos llegamos a "colaborar con", otros a "luchar contra" y otros permanecemos atascados en una bruma que nos obliga a avanzar a tientas (sin dirección ni objetivo) y por tanto con un sentimiento persistente de insatisfacción.
Lo mismo puede decirse de los superdotados. Son como los demás, aunque siempre MÁS que los demás. "Más" en el sentido de que lo que es doloroso aunque aceptable para alguien se transformará en una bomba emocional para el superdotado.
Todo se percibe de manera amplificada. Exagerada. Extrema....
¿Demasiado inteligente para ser feliz?
(Jeanne Siaud-Facchin)
martes, 27 de agosto de 2019
miércoles, 26 de junio de 2019
¿POR QUÉ ES ESENCIAL INTERESARSE POR EL ADULTO SUPERDOTADO?
" La cuestión del adulto superdotado es quizá aún más delicada de tratar que la del niño superdotado. Aunque admitamos, a pesar de algunas reticencias aún vigentes, que el niño en desarrollo puede mostrar ciertas aptitudes particulares, resultará bastante más difícil aceptar que algunos adultos conserven un comportamiento singular que los distingue. Ellos mismos lo perciben (sin saber nombrarlo) y los demás lo sienten, pero lo atribuyen espontáneamente a un rasgo de carácter, a una originalidad, a la personalidad "marginal", "rebelde" o demasiado sensible de su amigo...
El adulto se encuentra así acorralado, y desde hace mucho tiempo, en un sistema de espejos que le devuelve imágenes de sí mismo multiformes y a menudo deformadas.
En busca de uno mismo
El superdotado busca su reflejo y su identidad, y necesita, como cualquiera, comprender quién es, cómo se comporta, por qué lo quieren, por qué lo rechazan, cuáles son sus puntos fuertes, sus valores reales y sus verdaderos límites...
Desde la primera infancia intentamos, sin tregua, comprendernos a nosotros mismos para comprender mejor el mundo y a los demás, y, sobre todo, para vivir mejor. Este movimiento natural puede vivirse, según cada personalidad, de manera más o menos consciente. Algunos avanzan por la vida con certezas y convicciones protectoras y sosegadas: hay que hacer las cosas de esta manera o de aquella, y conviene reaccionar de tal o cual forma según la naturaleza de la situación. Otros andan a tientas, se hacen preguntas sin cesar acerca de todo, siempre, se inquietan por trivialidades que alteran sus presuntas creencias, reaccionan a la mínima variación del entorno, reanudan todo sin descanso desde el comienzo para estar seguros de haber comprendido su sentido profundo y viven siempre con un ligero sentimiento de estar al mismo tiempo con los demás y a su lado. Son adultos de adaptación agitada, que en ocasiones llevan vidas que no les pegan nada, pero parecen amoldarse a ellas....pues da la impresión de que a todo el mundo le resulta completamente normal.
Su destreza singular no escapa al ojo clínico de los médicos y terapeutas con experiencia. El número de adultos superdotados con la vida hecha añicos y que padecen un sufrimiento psicológico severo es elevado, por lo que conviene tomar medidas decisivas. En manos de profesionales sin experiencia o, peor aún, que rechazan este diagnóstico, estas personas emprenderán una serie de "peregrinaciones" diagnósticas y terapeúticas que no harán sino acentuar su malestar y su profundo sentimiento de soledad e incomprensión..."
(Fragmento del libro: "¿Demasiado inteligente para ser feliz?
Jeanne Siaud-Facchin)
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