viernes, 20 de noviembre de 2020

 


    La dependencia emocional tiene sus antecedentes en la infancia, en toda una serie de necesidades afectivas insatisfechas en la niñez, y desde allí genera su propio desarrollo subconsciente durante la formación emocional del individuo hasta su maduración y etapa adulta. 
 

    El nivel de carencias emocionales vendrá basado en la educación y el cariño que hayamos recibido desde niños, el nivel de seguridad afectiva que nos hayan trasmitido nuestros padres y nuestra familia. Es esto lo que diferencia a un adulto bien formado afectivamente, de un niño con carencias afectivas, ñoño y blando. 


    La estructura familiar actual basa la forma de educar a los niños desde pequeños, en muchos casos, en pequeños chantajes emocionales, que van calando poco a poco en nuestro subconsciente. 
A todos nos han amenazado desde críos con dejarnos de querer si no llegamos a hacer algo: ‘O recoges tu habitación, o mamá se enfada y ya no te quiere’, esto crea un miedo atroz en un niño, que ve que puede perder el cariño y la protección de sus padres: ‘O estudias, o te metemos en un internado’, ‘O te callas, o te lleva el hombre del saco’. 
Y , grano a grano, todas estas experiencias van conformando nuestra personalidad: poco a poco nos acostumbramos y vemos como natural el hecho de que para evitar perder el afecto de quienes queremos tengamos que renunciar a nuestros intereses permitiendo que nos gobiernen los de ellos, doblegando nuestra voluntad y convirtiéndonos en seres sumisos y sin libertad alguna.